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Inmortales del Beisbol Mexicano

 

 

Cronista invitado: Horacio Ibarra

 
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    Los cinco latinos de Cooperstown

    Hace algunos días fueron electos Rickey Henderson y Jim Rice para el Salón de la Fama de Cooperstown, por lo cual, como siempre, volvió a aparecer la siguiente interrogante; ¿hasta cuando tendremos a un jugador mexicano en el Salón de la Fama de los Estados Unidos?.

    ¿Si Puerto Rico, Cuba, República Dominicana, Venezuela y hasta Panamá tienen a un pelotero inmortal, por qué México no ha aportado ningún elemento al Templo de Inmortales de Cooperstown?, la respuesta es muy sencilla, simplemente, no hemos tenido a un jugador con el suficiente talento para compararlo con los superestrellas de esos países.

    Nuestros máximas figuras en la carpa grande han sido Melo Almada, Beto Avila, Jorge "Charolito" Orta, Fernando Valenzuela, Teodoro Higuera y Vinicio Castilla, todos ellos con calidad reconocida, pero nada comparable con las estrellas latinas que han sido inmortalizadas.

    Han transcurrido 18 años desde la última elección latina, en este caso el consistente panameño Rod Carew, ganador de siete títulos de bateo en la Liga Americana jugando con los Mellizos de Minnesota.

    En 1984 había sido electo el parador en corto Luis Aparicio, un venezolano de infinita calidad que brillara durante muchas campañas con los Medias Blancas de Chicago en la década de los 60s.

    Un año antes había sido inmortalizado Juan Marichal, el mejor pitcher latino de todos los tiempos, ganador del Cy Young en la Liga Nacional y un verdadero superestrella con los Gigantes de San Francisco en la época gloriosa de Willie Mays y Willie McCovey.

    En 1977 izaron a la inmortalidad al cubano Martín Dihigo, sin haber jugado en las Grandes Ligas. El formidable serpentinero derrochó categoría en las Ligas Negras de los Estados Unidos, antes de venirse a México, donde también brilló a grandes alturas, siendo catalogado como uno de los mejores jugadores de todos los tiempos, o por qué no, algunos llegaron a considerarlo el jugador perfecto.

    Por último está el caso de Roberto Clemente, el gran ídolo de Puerto Rico fue inmortalizado en 1973, al año siguiente de haber fallecido al desplomarse el avión donde viajaba recolectando ayuda para los damnificados de Nicaragua, dando pie al libro "Una cruz sobre las olas".

    Clemente fue el primer latino en ingresar al Salón de la Fama de los Estados Unidos, 36 años después hay cinco latinos. ¿Hasta cuándo tendremos a un mexicano en Cooperstown?, ¿No habrá nacido todavía esa figura privilegiada que pueda compararse con las grandes estrellas de los países citados?

     

     

     

     


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