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Inmortales del Beisbol Mexicano

 

 

Cronista invitado: John VIrtue

 
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    Jorge Pasquel y su aportación al Beisbol Mexicano

    La última vez que estuve aquí en Monterrey fue en 1993. En aquel entonces, Alejandro Junco de la Vega estaba haciendo preparativos para el lanzamiento del periódico Reforma en el Distrito Federal, y me pidió que realizara una serie de talleres sobre ética periodística para los reporteros de El Norte que eran candidatos para ingresar a la plantilla de Reforma.
        Como director del Centro Internacional de Prensa de la Universidad Internacional de La Florida, he realizado tales talleres en 16 países de América Latina: La ética periodística es mi especialidad. Cuando Ramón Garza, el por entonces director de El Norte, me presentó, lo hizo diciéndole a los reporteros: "Ustedes deben estar preguntándose que porqué están aquí, si ya son los periodistas más éticos de México. Queremos que reciban una inoculación contra los vicios que puedan encontrar en el Distrito Federal, en caso de que sean seleccionados para trabajar en Reforma".
        ¡Imagínense! Un dueño de periódicos tan sagaz que esté dispuesto a gastarse la plata para prevenir la mera posibilidad de corrupción en la sala de redacción de su diario. ¡Créanme que eso, en esta industria, es admirable! En aquel momento pensé que Monterrey era una de las pocas ciudades del mundo en donde alguien actuaría así.
        Estoy muy feliz de estar aquí después de tantos años salvo por un detalle: que no pueda asistir a un partido de béisbol de los Expos de Monterrey, anteriormente conocidos como los Expos de Montreal. Nadie podría asegurar que el equipo hubiera mantenido el nombre de Expos si hubiese sido trasladado a Monterrey en vez de a Washington en el 2005. Los Expos eran mi equipo predilecto. Mi señora es de Montreal, y todos los veranos durante mis vacaciones asistíamos a los juegos en el estadio Olímpico de esa ciudad.
        Los Expos nunca ganaron una Serie Mundial en más de 40 años en Montreal, pero tenían el mejor record de las Grandes Ligas en 1994 cuando se suspendió la temporada debido a una huelga. En aquella época, los Expos tenían a tres de los mejores jardineros jóvenes en la Liga: Moisés Alou, Larry Walter y Marquis Grissom. Y entre los lanzadores, a un joven dominicano llamado Pedro Martínez.
        Cuando su traslado de Montreal comenzó a parecer inevitable, yo hubiese querido que el equipo pasara a Monterrey, en vez de a San Juan de Puerto Rico o a Washington.


    ¿Por qué a Monterrey?
        Por varias razones. En primer lugar, por el dinamismo de la ciudad. En segundo lugar, por el amor que los regiomontanos muestran por el béisbol. En tercer lugar, porque hubiera sido un paso paralelo con NAFTA. Y en cuarto lugar, porque si el béisbol de Grandes Ligas aspira a internacionalizarse, además de un equipo en Toronto, también debería tener por lo menos uno en México.
        Como ustedes saben, en estos momentos México no goza de buena prensa en los Estados Unidos. Y yo me pregunto: ¿Estarían los Estados Unidos construyendo una muralla en la frontera si Monterrey tuviera un equipo de Grandes Ligas y los cronistas deportivos de los medios estadounidenses vinieran a cubrir los partidos? Más bien creo que los medios estarían proyectando una imagen de México mucho más agradable que la que los ciudadanos del norte están recibiendo actualmente.
    Durante la temporada de béisbol del 1946, la mera mención de México traía a la mente de muchos fanáticos en los Estados Unidos el nombre de Jorge Pasquel, un hombre al que algunos cronistas deportivos consideraban "fuera de la ley". Tal reputación se debía al hecho de que Pasquel había reclutado a 18 jugadores de las Grandes Ligas, ofreciéndoles contratos más generosos que los que tenían en los Estados Unidos.
        Aquí en México, muchos conocedores del béisbol consideraban a Pasquel el salvador de la Liga Mexicana. Y es indudable que Pasquel, en la década de los cuarenta, solidificó las bases de la Liga Mexicana y durante varios años hizo del béisbol el deporte más popular en México.
        Pero además de esto, Pasquel hizo otra cosa por la cual nunca ha recibido el reconocimiento que se merece: contribuyó a romper la barrera de color en las Grandes Ligas. Durante la década antes de que Jackie Robinson entrara a jugar para los Dodgers de Brooklyn, casi 150 peloteros de las Ligas Negras de los Estados Unidos jugaban en la Liga Mexicana, la mayoría reclutados por Jorge Pasquel. La lista incluye a seis miembros de este Salón de la Fama: Roy Campanella, que jugaba aquí en Monterrey, Monte Irvin, Ray (Mamerto) Dandridge, Burnis Wright, Martïn Dihigo y Lázaro Salazar. De los seis, cuatro: Campanella, Irvin, Dandrige y Dihigo, están también en el Salón de la Fama estadounidense. Ni son estos los únicos peloteros negros de la Liga Mexicana que tienen su sitio en Cooperstown. Allí están también Cool Papa Bell, Willard Brown, Leon Day, Josh Gibson, Satchel Paige, Hilton Smith y Willie (El Diablo) Wells. Todos ellos jugaron en México.
    Tanto talento reunido en el béisbol mexicano es amplio testimonio de la importancia de Jorge Pasquel.
        Cuando uno escribe un libro sobre un personaje tan complejo como Pasquel, tiende a buscar un "momento decisivo" que manifieste las motivaciones de su protagonista. Yo encontré no uno sino dos momentos tales en la vida de Jorge Pasquel.
    En la víspera de su séptimo cumpleaños, en 1914, el pequeño Pasquel se refugió en el sótano de la residencia familiar mientras los buques de guerra de los Estados Unidos bombardeaban la puerta de Veracruz. Junto a él estaba su mejor amigo y futuro presidente de México, Miguel Alemán. Unos documentos del Departamento de Estado de los Estados Unidos que tuve oportunidad de estudiar cuando escribía el libro demuestran que la captura de su ciudad natal por las fuerzas armadas estadounidenses influyó profundamente sobre la opinión que ambos desarrollaron hacia el país vecino.
        Woodrow Wilson, el presidente de los Estados Unidos en aquella época, había ordenado la invasión en una tentativa de derrocar al General Victoriano Huerta de la presidencia.
        Años después, en la década de los treinta, otro incidente causó una profunda impresión en el joven Pasquel.
    En uno de sus primeros viajes a los Estados Unidos, atravesaba el estado de Texas en el Cadillac de la familia guiado por su chofer. En una parada que hicieron para almorzar, el gerente del restaurante se enfrentó a Pasquel y, apuntando al chofer con el dedo, le dijo: "Aquí no atendemos ni a mexicanos ni a negros".
        Quizás, debido a las facciones heredadas de sus antepasados españoles, Pasquel no aparentaba ser mexicano a los ojos del gerente, pero el problema residía en que el chofer era mucho más que un empleado para Pasquel: era su valet personal, el barbero que le cortaba el pelo desde que era niño y una de las pocas personas que lo tuteaba.
        Pasquel sintió la humillación del hombre mayor como si fuera la suya propia. Abrazados, los dos abandonaron el restaurante.
    Luego, cuando ya administraba las empresas de la familia, Pasquel se dio cuenta de que los mexicanos y los negros estadounidenses ambos podrían sufrir la discriminación racial en los Estados Unidos.
        En 1937, Pasquel intentó adquirir el equipo veracruzano, los Rojos del Águila. Cuando los dueños rechazaron su oferta, se convirtió en el fanático número uno del equipo. Asistía al mayor número de partidos posible y hasta recompensaba a los jugadores por sus buenas jugadas, a veces en efectivo. Su rol de fanático duró hasta 1939, cuando el Águila le presentó la oportunidad de montar su propio equipo en Veracruz.
        El Águila había ganado el campeonato en 1938, pero la temporada siguiente no le fue bien, quedándose matemáticamente sin posibilidades a tres juegos de terminar la temporada.
        En vez de jugar los tres últimos partidos contra sus rivales, los Cafeteros de Córdoba, la gerencia del Águila decidió abandonar el torneo, regalándole así las victorias, y de hecho el campeonato, a los Cafeteros. Como respuesta, los dueños de los otros equipos decidieron sancionar al Águila por incumplimiento. Suspendieron a tres de los ejecutivos del equipo, al presidente, al tesorero y al director, que era también cronista del periódico Dictamen de Veracruz. Además, los otros dueños determinaron que el Águila debía un dinero a la Liga Mexicana.
        Aprovechando esa coyuntura, Pasquel se presentó con la idea de formar un equipo para reemplazar al Águila en la liga.
    Alejandro Aguilar Reyes, que con Ernesto Carmona había sido uno de los fundadores de la Liga Mexicana, escribió en su columna del diario deportivo La Afición que la Liga necesitaba un líder fuerte.
        Carmona era en ese entonces presidente de la Liga y Aguilar Reyes, más conocido como Fray Nano, acababa de renunciar como comisionado. Ambos dieron el vistobueno a Pasquel sin haber consultado a los dueños de los otros equipos. El resultado de esto fue que cinco de los seis equipos existentes abandonaran la Liga Mexicana, dejando atrás solamente al equipo de Monterrey, cuyo dueño, Aurelio Ferrera, era amigo de Pasquel.
     

    Pasquel y Ferrera decidieron formar su propia liga.
    La Federación Mexicana de Béisbol decidió que la liga en que jugaba el Águila era la liga legítima, no la liga con los Azules de Veracruz, el equipo de Pasquel. Los periódicos El Universal y Excelsior se referían a la liga de Pasquel como la Liga Mexicana Profesional Clase Mayor. El periódico Novedades - que Pasquel compraría seis años más tarde - la llamaba la Liga del Norte Separada de la Liga Mexicana. La Afición, por su parte, insistía en que la liga con los Azules era la Liga Mexicana y se refería a la otra como la Liga Cismática.
        Así, durante la temporada de 1940 hubo dos ligas en México, con seis equipos cada una.
       La Liga Mexicana tenía al Águila, dos equipos en el Distrito Federal, y equipos en Córdoba, Tampico, y Puebla.
    La liga formada por Pasquel tenía a los Azules, los Diablos Rojos del Distrito Federal, y equipos en Monterrey, Santa Rosa, Nuevo Laredo y Torréon.
        Entre los doce equipos contrataron a 63 jugadores de las Ligas Negras de los Estados Unidos, una cifra cuatro veces mayor que el número de éstos que había jugado en México en 1939. Representaban el 20 por ciento del total de los jugadores de las dos Ligas Negras.
        De 31 peloteros de raza negra representados en el Salón de la Fama de los Estados Unidos, siete jugaron en México en 1940: Josh Gibson, Ray Dandridge, Cool Papa Bell, Leon Day, Willie Wells, Hilton Smith y Willard Brown.
    El equipo de Pasquel contrató a más jugadores negros que cualquier otro: 13. Un periódico de la época le adjudicó a los Azules el sobrenombre de "el Águila Negra".
        Aunque nunca antes había manejado un equipo de béisbol, Pasquel tomó las riendas y llevó a los Azules al campeonato en su primera temporada. En esto lo ayudó la actuación de Josh Gibson, que después de firmar con el equipo quedando solo 22 juegos en la temporada bateó para un promedio de .467 e impulsó 38 carreras.
    La otra liga abrevió su temporada, concluyéndola en agosto, y se desbandó. A partir de ese momento, la Liga Mexicana fue la liga en que jugaban los Azules de Veracruz.
        Jorge Pasquel ganó más que un campeonato en 1940. Desde su ingreso a la Liga Mexicana, Pasquel fue el líder, el hombre que establecía las reglas y la política. Por ejemplo, fue él quien ideó que los equipos entregaran sus ingresos a la liga, que luego los distribuía. En esto, se anticipó por muchos años a los esquemas de negocio más productivos de hoy en día en deportes. Fue él quien reclutaba a los jugadores extranjeros y escogía en qué equipo jugarían. Su idea, por supuesto, era evitar que un equipo económicamente poderoso dominara. Esta propuesta por parte de un empresario de aquella época, que a mí se me antoja que tiene que haber sonado cuando menos atrevida, hoy sabemos que beneficiaba a ambos la liga y los equipos como negocio, y al béisbol en sí como deporte y como espectáculo.
        La empresa Pasquel Hermanos se dedicaba a la importación y exportación. Su oficina en Nuevo Laredo prestaba servicios que quizás debíamos calificar de "inusitados" a la Liga. En más de una ocasión, Pasquel mandó a meter a un jugador negro en el baúl de un carro de la empresa en Laredo para cruzar la frontera. Ya se podría tramitar el papeleo más tarde; lo importante era situar al jugador frente a los fanáticos en el estadio.
        Vale señalar que Pasquel tenia un padrino poderoso: su amigo de la infancia, Miguel Alemán, en su momento gobernador de Veracruz, secretario de Gobernación y, finalmente, presidente de México.
        Cuando los agentes de inmigración negaron la entrada a los Estados Unidos a Jorge y a su hermano, Bernardo, en 1941, recurrieron a Miguel Alemán. Resultó que sus nombres aparecían en la lista negra del Departamento de Estado de los Estados Unidos, acusados de hacer negocios con Alemania durante la Segunda Guerra Mundial. Alemán se ocupó de allanar el problema.
        Cuando la oficina de reclutamiento del ejercito estadounidense le negó el permiso al receptor Quincy Trouppe para regresar a l  los Sultanes, Pasquel de nuevo solicitó la ayuda de Alemán. El gobierno de los Estados Unidos autorizó a Trouppe y al lanzador Theolic Smith a jugar en México a cambio de 80 mil braceros que trabajarían en los Estados Unidos.
    Quincy Trouppe fue el responsable de que dos futuros miembros del Salón de la Fama, tanto aquí como en los Estados Unidos, vinieran a jugar a México: Roy Campanella y Monte Irvin. Estos tres habían jugado en la liga invernal de Puerto Rico en el '41-42. Durante la travesía de regreso de San Juan a Nueva York, Irvin y Campanella expresaron interés en jugar en la Liga Mexicana. Trouppe le escribió a Jorge Pasquel, recomendando a sus dos amigos.
        Por su parte, Trouppe quería un favor de Pasquel: el traslado de Monterrey al Distrito Federal. Pasquel reemplazó a Trouppe como receptor de los Sultanes con Campanella, trasladó a Trouppe a los Diablos Rojos y ubicó a Irvin con los Azules. Al año siguiente, Campanella llevó a los Sultanes al campeonato.
        Durante el transcurso del viaje de Campanella desde San Antonio a Monterrey, se produjo un incidente interesante en el pueblo tejano de Cotulla. El representante de los Sultanes, que manejaba el carro, y Campanella pararon para almorzar. Cuando la moza les presentó la cuenta, preguntó: "¿Quién es este tipo?" apuntando a Campanella. "¿Es mexicano o americano? Si es americano, no es blanco. ¿No saben ustedes que tenemos leyes contra el servicio a los negros?" La madre de Campanella era negra y el padre italiano.
        Jorge Pasquel trabó estrecha amistad con dos de los jugadores negros, el cubano Ramón Bregaña y el estadounidense Ray Dandridge. A ambos los nombró a dirigir equipos en la Liga Mexicana. Ésta puede haber sido la primera vez que jugadores blancos de los Estados Unidos tomaban ordenes de un gerente negro.
    Pasquel solía invitar a Bregaña a su hacienda en San Luis Potosí y a cazar en las montañas de Chihuahua. A Dandridge le cedió un apartamento de seis habitaciones en el Distrito Federal que tenía vista al Parque de Chapultepec. Además le facilitaba una doméstica que ayudara a su señora y una maestra que enseñara a sus hijos. Los hijos de Dandridge aprendieron español jugando con los hijos de la doméstica.
        La amistad de Dandridge con Pasquel probablemente le haya costado la oportunidad de jugar en las Ligas Mayores. En 1947 era el gerente y jugaba con los Diablos Rojos cuando Bill Veeck, el dueño de los Indios de Cleveland, le ofreció la oportunidad de jugar con el equipo. Dandridge rechazó la oferta, por dos razones. Ganaba 10 mil dólares por temporada en México, un salario que no ganaban la mayoría de los jugadores en Grandes Ligas. Además, sentía una gran lealtad hacia Pasquel.
        Pasquel no toleraba la discriminación contra los peloteros negros. Para la temporada de 1944 había contratado al gran Rogers Hornsby para manejar a los Azules. Varias veces le preguntó a Hornsby que por qué no ponía a Bregaña en la alineación. Por fin, Hornsby le contestó: "No acostumbro usar negros en mi equipo". No dijo negros sino niggers, una palabra más ofensiva en inglés. Pasquel lo despidió y lo puso en un avión para los Estados Unidos ese mismo día.
        ¿Cuál era la meta de Jorge Pasquel? Sencillamente que la calidad del béisbol en la Liga Mexicana estuviese a la par con la de Grandes Ligas. En 1945, se pasó seis meses asistiendo a partidos de béisbol e inspeccionando estadios en los Estados Unidos.
        Después de asistir a unos cincuenta partidos, concluyó que la Liga Mexicana necesitaría más que jugadores de las Ligas Negras. Necesitaría jugadores de las propias Grandes Ligas.
        Durante la Segunda Guerra Mundial, más de 500 jugadores de Grandes Ligas se habían incorporado a las fuerzas armadas de los Estados Unidos. Habían sido reemplazados en las alineaciones de los equipos por peloteros jóvenes - uno tenía apenas quince años de edad - y por veteranos: veintitres peloteros tenían mas de cuarenta años. Había también jugadores que no pudieron pasar los exámenes fiscos requeridos por el ejercito, incluido uno que le faltaba un brazo. Otros sencillamente no tenían el talento para medirse con los ausentes.
        Jorge Pasquel previó que al terminar la guerra habría un exceso de peloteros y decidió ofrecer jugosos contratos a los grandes astros del béisbol, entre ellos, Ted Williams, Joe DiMaggio, Hank Greenberg, Stan Musial, y Bob Feller. Ninguno de estos aceptó la oferta de Pasquel, aunque algunos usaron las ofertas para negociar un mejor contrato con su equipo.
        Pasquel recurrió entonces a jugadores de otro nivel: peloteros como Sal Maglie, Danny Gardella, Max Lanier, Murray Franklin, Lou Klein y Mickey Owen. Aquí estalló lo que los cronistas deportivos en Estados Unidos dieron en llamar la Guerra del Béisbol, calificando a la Liga Mexicana de "fuera de la ley" (Outlaw League).
    Pasquel aquello lo consideró un insulto.
        Por fin Pasquel logró contratar al jugador que lidereó la Liga Americana en jonrones durante la temporada de 1945: Vernon Stephens, de los Browns de San Luis.
        Stephens ganaba $13,000 al año con los Browns y quería un aumento a $17,500. Pasquel le ofreció $25,000 al año por tres años y una bonificación de $5,000 por firmar un contrato con los Azules.
        Stephens llegó a México el 30 de marzo. Al día siguiente impulsó la carrera ganadora en la novena entrada de su primer partido, y ese sencillo resultó ser el único que conectaría en la Liga Mexicana. Cinco días más tarde, mientras desayunaba en el hotel en que los Azules se hospedaban aquí en Monterrey, recibió un mensaje que decía que su padre lo esperaba en el bar.
    Stephens no se hallaba a gusto en México. Entre otras cosas, tenía dificultades ajustando el agua de la ducha. Insistía en que la "C" de la llave indicaría frío (cold) como en Estados Unidos, en vez de caliente. Además, no le gustaba la comida.
        Cuando se reunieron en el bar, su padre le comunicó que los Browns estaban dispuestos a pagarle lo que quería. Padre e hijo viajaron juntos a Nuevo Laredo, donde Stephens, disfrazado con el abrigo y sombrero del padre, intentaría cruzar la frontera. Pero Erasmo Flores, gerente general de los Tecolotes de Nuevo Laredo, lo reconoció y le informó a Alfonso Pasquel, el hermano de Jorge que manejaba la oficina local de Pasquel Hermanos. Alfonso, convencido de que Stephens estaba en Monterrey, no le hizo caso.
        El comisionado del béisbol, Happy Chandler, había determinado que los jugadores que habían optado por jugar en México serían suspendidos por cinco años a menos que regresaran a los Estados Unidos antes del comienzo de la temporada el 16 de Abril.
        Vernon Stephens estaba en la alineación de los Browns ese día, pero 18 otros jugadores de las Ligas Mayores desafiaron al comisionado y se quedaron en México.
        Fuera de la ley o no, los ejecutivos del béisbol de Grandes Ligas apelaron a los tribunales estadounidenses para contrarrestar las iniciativas de Pasquel. El primero fue Branch Rickey, gerente general de los Dodgers de Brooklyn y, anteriormente, de los Cardenales de San Luis. Cuando el astro de los Cardenales Stan Musial consideró una oferta de Pasquel que últimamente rechazó, tres de sus colegas aceptaron: Max Lanier, Fred Martin y Lou Klein. Rickey inició un pleito en San Luis, Missouri, contra Pasquel por haber ofrecido contratos a jugadores que tenían contratos vigentes con sus equipos. El juez desestimó el pleito, después de concluir que el asunto quedaba fuera de su jurisdicción.
        En Nueva York, Bernardo Pasquel había ofrecido un contrato al cortocampo Phil Rizzuto. El jugador y su esposa cenaron con Pasquel en el elegante hotel Waldorf Astoria. Al día siguiente Rizzuto llamó a Pasquel y le dijo que estaba dispuesto a firmar el contrato por una bonificación de 15 mil dólares. Pero a su señora le preocupaba una historia que Bernardo les había contado durante la cena: Jorge había matado a un hombre en un duelo en Nuevo Laredo. Era verdad.
        En 1943 un agente de fronteras mexicano le había prohibido a Pasquel pasar de Nuevo Laredo a Laredo, Texas, porque le faltaba el carné militar requerido por el gobierno desde que México había entrado en la Segunda Guerra Mundial. Pasquel logró cruzar la frontera, pero el agente se enfureció. Cuando Pasquel estaba de regreso en su hotel en Nuevo Laredo, el agente lo llamó a su habitación y le dijo que lo estaba esperando en la calle, pistola en mano. El agente le tiró primero, hiriéndolo en el cuello, un brazo y la ingle. Pero los disparos de Pasquel mataron al agente.
        Gravemente herido, Pasquel subió a su carro con la intención de venir aquí, a Monterrey, para recibir atención médica. Pero lo detuvieron en un puesto aduanal y lo devolvieron a Nuevo Laredo bajo custodia. Otra vez Pasquel pidió ayuda a su amigo Miguel Alemán, que despachó a un alto oficial de Gobernación para que se ocupara del asunto.
        A pesar de que Rizzuto finalmente decidió acatar las preocupaciones de su señora y quedarse con los Yanquis, Larry McPhail, gerente general de los Yanquis, demandó a Pasquel. Éste sorprendió al mundo del béisbol cuando, en su defensa, impugnó la cláusula de reserva que formaba parte de los contratos de los peloteros de Grandes Ligas. Bajo esta cláusula, los equipos adquirían el derecho a los peloteros por vida. Pasquel consideraba esto una forma de esclavitud. El caso demoró tanto en los tribunales que un juez nunca llegó a tomar una decisión.
        Posteriormente, el primer pelotero de las Grandes Ligas que había firmado con Pasquel en 1946, Danny Gardella, revivió el caso. Quería regresar al béisbol antes de que expiraran los cinco años de suspensión. El caso iba encaminado al Tribunal Supremo de los Estados Unidos cuando Gardella aceptó un arreglo financiero con las Grandes Ligas. Pero el béisbol ya quedaba sobre aviso que la cláusula de reserva tenía los días contados.
        Jerry Izenberg, el famoso columnista deportivo del Newark Star-Ledger, escribió: "Los jugadores de las Grandes Ligas deberían erigir una estatua en honor de Jorge Pasquel. Él anticipó el pleito de Gardella. El fin de la cláusula de reserva comenzó con el pleito de Gardella. Pasquel tuvo un impacto tremendo sobre el béisbol".
        Los jugadores de Grandes Ligas pensaron que no tendrían que esforzarse para despuntar en la Liga Mexicana. No les tardó mucho descubrir su error. Ray Dandridge conectó un cuadrangular en su primer enfrentamiento a Max Lanier. "¿De donde salieron Uds.?" Lanier le preguntó a Dandridge. Respondió Dandridge: "De los Estados Unidos, igual que tú." Dijo el lanzador: "Nunca había oído hablar de ninguno de ustedes". Respondió Dandridge: "Estábamos aquí apenas esperando por ti".
    Los peloteros blancos llegaron a adquirir un gran respeto por la habilidad de sus colegas negros y hasta envidia por la facilidad con que se ganaban la simpatía de los fanáticos y de los mexicanos en general. Los jugadores de Grandes Ligas se quejaban de todo: de la comida, de los hoteles, del transporte terrestre, y de las condiciones de los terrenos. Los negros no se quejaban de nada. Para ellos, todas las condiciones eran mejores que en los Estados Unidos.
        Los negros tenían dos ventajas sobre los blancos. La mayoría hablaba español, algunos perfectamente. Los negros, en general, eran más sofisticados que los blancos. Habían viajado más; provenían de las grandes urbes del norte de los Estados Unidos. La mayoría de los blancos se habían criado en pequeños ranchos en el sur del país. Nueve de los peloteros negros que jugaban en México habían hecho estudios universitarios. Ninguno de los blancos tenía más de una educación primaria.
    A los negros les gustaba el hecho de que en México no había restricciones raciales. Willie Wells dijo una vez: "Gano más dinero aquí que en los Estados Unidos y en México vivo como un rey". A Burnis Wright le gustaba tanto México que se quedó aquí al terminar su carrera. Montó un restaurante en Aguascalientes que llegó a ser el favorito de la gente importante en la ciudad.
        Branch Rickey de los Dodgers de Brooklyn es reconocido como el responsable de romper la barrera de color en las Grandes Ligas al incorporar a Jackie Robinson a su equipo en 1947. En aquel momento, los dueños de los 16 equipos votaron sobre el caso de Robinson. Solamente el equipo de Brooklyn votó a favor. El comisionado del béisbol, Happy Chandler, aprobó el contrato de Robinson, haciendo así posible su entrada a las Grandes Ligas. Pero eso le costó a Chandler la renovación de su contrato.
        Cuando Jorge Pasquel comenzó a reclutar jugadores en las Ligas Negras, ¿estaba motivado por un deseo de ayudar a romper la barrera de color en el béisbol profesional? No. Él tenía la misma motivación que Branch Rickey. Ambos querían ganar partidos de béisbol; buscaban a los mejores jugadores, sin importarles su color. El hecho de que ayudaran a corregir una injusticia en el béisbol fue secundario, aunque sea su legado más importante.
        Cuando por primera vez vio a los peloteros del equipo los Azules, el receptor Mickey Owen entró furioso a la oficina de Pasquel y le reclamó que porqué había tantos negros en la Liga Mexicana. Pasquel puso una pistola de cachas de nácar sobre la mesa y le dijo: "Dispárame si crees que te engañé o te mentí. Dispara, Mickey." Un reportero que estaba presente no pudo aguantar la tensión y se fue al baño a vomitar. Cuando regresó, Owen, todavía furioso, salía de la oficina de Pasquel.
        El único incidente racial en la Liga Mexicana durante la temporada de 1946 involucró a Mickey Owen. Jorge Pasquel le había reemplazado como gerente interino de los Azules debido a las quejas de los jugadores negros. Durante un juego entre los Azules y los Sultanes, el afrocubano Claro Duany trató de anotar desde segunda base. Owen lo estaba esperando, pero en vez de tocarlo con la pelota lo derribó con el hombro. Duany saltó y le dio a Owen lo que un fanático describió como una paliza justificada. Evidentemente era la primera vez que Owen había recibido un golpe de un negro. Esa misma noche, Owen y su señora, que había presenciado la paliza, salieron de México sin decirle palabra a Pasquel. Le pagaron lo que en pesos de hoy serían más de 30 mil pesos a un chofer para que los llevara a la frontera.
        Ambos Pasquel y Owen radicaron querellas por incumplimiento de contrato. Un juez estadounidense falló a favor de Pasquel. La indemnización que Owen tuvo que pagarle lo llevó a la bancarrota.
    Los Azules de Veracruz tenían más jugadores de Grandes Ligas que cualquier otro equipo de la Liga Mexicana en 1946, y quedaron en séptimo lugar.
        El equipo que ganó el campeonato -los Alijadores de Tampico- consistía predominantemente de peloteros negros. El único estadounidense blanco era el campocorto Murray Franklin, que había jugado con los Tigres de Detroit. El equipo tenía en su alineación a tres negros estadounidenses: Lonnie Summers -el padre de Jesús- a Bonnie Serrell y Ray Brown. Tenía a cuatro cubanos, también negros: Manuel "Cocaina" García, Santos Amaro, Pedro Orta y Lázaro Medina. El equipo además tenía en primera base a Ángel Castro, un genuino astro mexicano. No resultaría atrevido concluir que los peloteros de Grandes Ligas no se impusieron en la Liga Mexicana.
        Aún dos años más tarde, la Guerra del Béisbol entre las Grandes Ligas y la Liga Mexicana continuaba. El Departamento de Estado de los Estados Unidos y la Secretaría de Relaciones Exteriores de México decidieron que la guerra había durado bastante. Temían que dañara las relaciones entre los dos países. Juntos, forzaron la renuncia de Jorge Pasquel como presidente de la liga. Ciertamente, el asunto debió haber llegado al escritorio del presidente, Miguel Alemán, que debió haber aprobado la destitución de su amigo de la infancia.
        Jorge Pasquel siguió en la liga por tres años más. Los Azules ganaron su cuarto campeonato en 1951, contra los Tuneros de San Luis. Durante el cuarto partido del campeonato, en San Luis, los fanáticos comenzaron a protestar que Pasquel le enviaba notas al árbitro. Cuando el árbitro hizo una decisión en contra de los Tuneros, los fanáticos protestaron tanto que el árbitro les dijo que otorgaría el partido a los Azules si no cesaban su protesta. Y así lo hizo. A la salida del estadio, Pasquel se encontró con una turba que amenazaba al pelotero y amigo suyo Ramón Bregaña. Cuando Pasquel acudió en su defensa, alguien lo golpeó con un ladrillo. Fue hospitalizado con una concusión. Después de haber ganado el campeonato, disolvió a los Azules y se retiró del béisbol.
        Falleció en 1955, a los 47 años de edad, cuando su avión privado se estrelló al despegar de su hacienda.
    Dijo el periódico Esto: "Jorge Pasquel sacó al béisbol mexicano de la rutina en que se había embarcado. Y luego hizo cimbrarse a las Ligas Mayores con sus desplantes".
        Mago Septién, el decano de los locutores deportivos, dijo: "Jorge mostró al mundo que los jugadores de béisbol blancos y negros podían jugar juntos harmoniosamente".
        Dijo el locutor Ángel Fernández, "Para mí, Jorge debía estar en el Salón de la Fama en Cooperstown por una sencilla razón: ayudó a romper las cadenas que impedían a los jugadores negros. La Liga Mexicana servía como un puente hasta 1947, cuando pudieron jugar en las Grandes Ligas".
        Dijo su hermano Alfonso, "Si los jugadores de Grandes Ligas tuvieran coraje, garantizarían la elección de mi hermano Jorge a Cooperstown por ayudarles a ganar su libertad. Una vez que firmaban un contrato con un equipo, estaban presos de por vida".
        Pocos meses después de su muerte, el béisbol profesional de los Estados Unidos reconoció a la Liga Mexicana.
    Jorge Pasquel consideraba la Serie Mundial una designación injustificada, ya que estaba, en aquel entonces, limitada a equipos de los Estados Unidos. Cuando se inauguró el Clásico Mundial de Béisbol en el 2006, los que se acordaban de Pasquel dijeron que ése era precisamente el tipo de torneo que él hubiese querido ver.
        Podríamos decir que Pasquel, como el Cid, ganó la última escaramuza de la Guerra del Béisbol después de muerto cuando el equipo mexicano eliminó por 2 a 1 a un equipo estadounidense que tenía en su alineación a los futuros miembros del Salón de la Fama Alex Rodríguez y Roger Clemens.

     

     

     


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