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El pasado martes 15 de julio fue el último
día de Magdalena Rosales como directora del Salón de la Fama del
Beisbol Profesional de México.
Fiel a su costumbre, Magdalena Rosales llegó puntual a sus
labores, tal como lo hizo durante 36 años de trayectoria en
Cervecería Cuauhtémoc Moctezuma.
En el transcurso del día hizo un recorrido por las instalaciones
del recinto sagrado, recordando algunos momentos inolvidables en
su amplia trayectoria en el mencionado lugar, donde estuvo,
primero al lado de Rafael Domínguez García y posteriormente con
Juan Filizola González, de quienes aprendió lo suficiente para
representar dignamente a la institución deportiva, pero sus
decisiones y determinación sirvieron para incrementar su
prestigio y formalidad ante los seguidores del rey de los
deportes en todos los aspectos.
Ella vivió con intensidad la emoción de entronizar a 174
inmortales del beisbol en sus distintas categorías, como
beisbolistas, directivos, ampayers y cronistas, dirigiendo el
Templo de Inmortales durante los últimos siete años de su
carrera.

Llegando, en su último día de trabajo en el Salón de la Fama.

Su mirada es nostálgica, observando el espacio que recorrió
durante 36 años de trayectoria.

Sonrisa triste, al cumplir su ciclo como directora del Salón de la
Fama.

Toda una vida de trabajo en el recinto de inmortales.

Recordando el momento inaugural del Salón de la Fama.

A la entrada de la Sala de Exposiciones Temporales, a un lado,
la imagen de los nuevos inmortales del beisbol mexicano.

Siempre fiel a sus principios, durante siete años dirigió con
rectitud el Templo de Inmortales.

En la entrada del museo beisbolero.

Las fotos lo dicen todo. Presidiendo la elección de inmortales.

En la entrada del Nicho de Inmortales.

En el nicho sagrado, al fondo, las placas de inmortales y el
logotipo de Cervecería Cuautémoc Moctezuma, empresa
patrocinadora del recinto.

Posando ante las placas de los nuevos inmortales del Salón de la
Fama.

Ante la vitrina de Jorge Pasquel y Beto Avila,

En su despedida, recorriendo las instalaciones del Salón de la
Fama.

Ante la vitrina de Héctor Espino, el mejor jugador mexicano de
todos los tiempos.

Sin palabras...
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