La
historia del Salón de la Fama se remonta hasta el
año de 1939, cuando el cronista Alejandro Aguilar
Reyes "Fray Nano" pugnara por llevarlo a cabo.
El afamado
periodista puso en marcha su genial idea, en un concurso convocado
por el diario capitalino "La Afición", del cual
era fundador, motivado por el centenario del nacimiento del Beisbol
y por la existencia del Salón de la Fama de las Ligas Mayores.
Fray Nano
invitó a los aficionados para que estos votaran por los
mejores cinco beisbolistas mexicanos de aquellos tiempos.
El concurso
fue patrocinado por un grupo de ferreterías (El Barco)
de la ciudad de México, especialistas en fabricación
e importación de todo tipo de artículos deportivos,
especialmente beisboleros.
El 13 de abril
de 1939 se hizo pública la citada convocatoria y los resultados
del concurso se dieron a conocer el 25 de mayo del mismo año.
El diario
publicó martes, jueves y viernes cupones para que los aficionados
pudieran emitir sus votos, anotando los nombres que a su juicio
podrían ser los mejores cinco elementos.
Se otorgaron
premios en efectivo a los lectores que coincidieran con la preferencia
del público votante, consistentes en $100.00 pesos para
el primer lugar, $50.00 para el segundo y $20.00 para el tercero.
Los
cinco elegidos por los aficionados como las estrellas más
rutilantes del beisbol de aquellos tiempos fueron: Lucas "El
Indio" Juárez, quien captó la mayor cifra de
sufragios con 49,427; seguido por Antonio Delfín "Lañiza",
39,464; Julio Molina "El Diamante Blanco", 18,228; Leonardo
"Najo" Alanís, 17,626; y Fernando "Cocuite"
Barradas con 11,788. Como reconocimiento, sus nombres quedaron
grabados en una placa de bronce que fue colocada en el desaparecido
parque Delta de la ciudad de México, en los años
cuarentas.
Ernesto Carmona,
entonces presidente de la Liga Mexicana de Beisbol, fue el encargado
de develar la placa, el domingo 11 de junio de 1939.